La presidencia del PE: ¿por qué apoyar a la derecha?


Dentro de unos días, los eurodiputados elegirán un nuevo presidente del Parlamento Europeo, el máximo cargo de la única institución de la UE elegida por sufragio directo.

La elección estará marcada por el fallecimiento prematuro de David Sassoli, un presidente que dirigió el parlamento durante un período extremadamente complejo y desafiante. Durante su gestión demostró que es posible llegar a acuerdos a través del diálogo que tanto se necesita y lejos de los dogmas.

Un problema clave que caracteriza al Parlamento Europeo es que carece de poder para hacer propuestas legislativas.

Esto lo convierte de facto en un espacio fundamentalmente deliberativo. Una institución que, dado su carácter supranacional, sirva para debatir y alterar los marcos de convivencia.

El parlamento es un vehículo perfecto para producir nuevos consensos. Pero ¿qué significa esto? En estos tiempos de crisis ecosocial, de crisis del modelo actual y de auge de la extrema derecha, el Parlamento Europeo es un lugar ideal para plasmar, debatir y forjar ideas sobre lo que constituye el “sentido común” en nuestros países. Las ideas que definen cómo vivimos.

Esto puede parecer un problema menor, pero en el contexto actual, se ha vuelto crucial. El Parlamento Europeo es un instrumento extremadamente útil en la batalla de las ideas: la batalla cultural.

Solo hay que mirar los últimos debates y echar un vistazo a la agenda del parlamento para entender cómo funciona y cómo nos afecta.

Tomemos el ejemplo de la deshumanización de los migrantes, el discurso que tilda la crisis humanitaria de “guerra híbrida” o la ofensiva contra los derechos LGBTQI+ y la salud y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Todos estos debates, que hace unos años hubieran sido impensables porque suponen un atentado contra los derechos fundamentales, ahora forman parte de la agenda diaria del parlamento.

Por supuesto, para que hayamos llegado a este punto se requiere una cierta producción ideológica sostenida durante años por una mayoría. En demasiadas ocasiones, una coalición conservadora obsoleta se ha esforzado por determinar los límites del debate.

Esta mayoría ha sido responsable de las políticas de austeridad y recortes que nos han dejado estados atrofiados, agravando la percepción general de inseguridad e incertidumbre.

Con el surgimiento de la extrema derecha y su política de embarrar, está claro que esta fórmula ha entrado en una contradicción irresoluble. Esta coalición del pasado es un falso cordón sanitario: la agenda de la extrema derecha ya se ha filtrado.

¿Conclusión inevitable para los conservadores?

Es por eso que esta elección, incluso si su conclusión parece descartada ya que la mayoría parece probable que apoye a un candidato conservador que se opone a la salud y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, sigue siendo una oportunidad para iniciar el debate sobre otro posible arreglo. ¿Es el apoyo a un candidato cuya agenda se superpone sustancialmente con la de la extrema derecha el único camino?

Si algo nos ha enseñado la pandemia es que actualmente se está dando una pugna entre una tendencia reaccionaria y una tendencia más progresista y social.

Frente a la agenda del odio, el miedo y el repliegue, hay una necesidad compartida de defender el estado social, los servicios públicos, los salarios dignos, reequilibrar la brecha de cuidados dando voz a la agenda feminista, en definitiva: defender los derechos.

Está probado que en el parlamento europeo puede existir otra posible suma de fuerzas.

Las fuerzas progresistas han presentado posiciones más ambiciosas que la Comisión o el Consejo sobre cuestiones importantes como el fondo de recuperación o las patentes de vacunas. Hemos demostrado que una alianza de fuerzas progresistas es fundamental para liderar acuerdos de progreso social en las instituciones europeas.

Por eso presentamos nuestra candidatura a la presidencia.

Porque creemos firmemente que todavía hay tiempo para una visión alternativa y, sobre todo, que debemos evitar que el Parlamento Europeo se convierta en el baluarte de viejas fórmulas que permiten a la ultraderecha hacerse un hueco.

Proponemos, por tanto, un nuevo pacto para la construcción de un nuevo consenso. Proponemos abandonar los viejos tratos cómodos del pasado y considerar la posibilidad de nuevos marcos de acuerdo entre fuerzas progresistas, un pacto de futuro basado en la defensa de los derechos humanos, en la promoción de medidas que garanticen condiciones de trabajo dignas, en un modelo productivo adaptado a los retos del cambio climático, en defensa de los servicios públicos.

Queremos lograr un consenso feminista, ambientalista y fraterno. Una promesa para rechazar y frenar la normalización del odio. Un nuevo pacto que ofrece esperanza.


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