Alimentos para la reflexión | Nueva Europa


Es tarde, pero por fin el mundo está despertando.

«El conflicto en Ucrania alimenta la incertidumbre para la agricultura»

«La guerra de Ucrania agravará el hambre y la pobreza en África, según los expertos»

«El aumento de los precios aumenta la alarma por la seguridad alimentaria y la estabilidad política»

Estos son sólo algunos de los titulares de los periódicos de las últimas semanas, ya que la invasión rusa de Ucrania ha colocado el tema de la seguridad alimentaria en la agenda mundial. Por primera vez en décadas, los medios de comunicación de todo el mundo están llenos de historias sobre el aumento de los precios de los productos básicos y el temor al aumento del hambre y la pobreza en África.

Sin embargo, no se trata de una amenaza nueva. La seguridad alimentaria ha estado en peligro debido al crecimiento demográfico cada vez mayor y a la crisis actual en torno al calentamiento global. La pandemia del COVID-19 y la brutal invasión rusa de Ucrania no han hecho más que exacerbar la incertidumbre alimentaria. En menos de tres años, los precios de los envíos se han quintuplicado.

Ucrania y Rusia son responsables de cerca del 30% de las exportaciones mundiales de trigo y de más del 60% del aceite de girasol. Por tanto, no es de extrañar que una gran guerra en uno de los principales «graneros» del mundo haya supuesto un desastre para las ya menguantes reservas mundiales de grano. Esto ha provocado una subida astronómica de los precios del trigo, y una mayor escasez de insumos agrícolas.

El coste de la avena, el trigo, el maíz y la soja ha aumentado drásticamente, al igual que los precios de la logística y el transporte, el petróleo y los costes de los insumos, por no mencionar los largos retrasos en el suministro. Todo ello perturba la seguridad alimentaria mundial, que -como siempre- afecta de forma desproporcionada a los países del mundo en desarrollo.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación estima que Ucrania perderá entre el 20 y el 30% de su trigo, maíz y girasol. Algunos expertos afirman que las exportaciones de trigo de Ucrania se reducirán a seis o siete millones de toneladas, frente a los 24 millones previstos antes de la guerra. Esto se debe a que Rusia ha cortado la mayoría de las líneas ferroviarias que conectan las principales zonas productoras de trigo con los puertos del Mar Negro. La guerra también está afectando a cultivos como la soja, ya que Ucrania es también un importante exportador de aceite vegetal. Se prevé que el descenso de la producción agrícola y el fuerte aumento de los precios de los alimentos y la energía duren varios años.

Esta no es una crisis pasajera. Ha llegado para quedarse.

Sin embargo, a corto plazo, los países que dependen en gran medida de las importaciones de alimentos serán inevitablemente los más perjudicados. Con una brecha cada vez mayor entre la oferta y la demanda, se están produciendo aumentos notablemente bruscos de los alimentos básicos, como los productos lácteos, los huevos y las aves de corral, así como de los costes de los insumos, en particular de los fertilizantes, las semillas y otros productos químicos. En el mundo en desarrollo, esto ya lo están notando los más vulnerables de la sociedad.

A largo plazo, los proyectos de desarrollo agrícola sostenible tienen el potencial de sustituir las importaciones o incluso de generar exportaciones en estos países que actualmente son tan vulnerables. Dichos proyectos, respaldados por tecnologías de vanguardia en materia de riego y gestión de datos, serán más atractivos tanto para el sector público como para el privado. En consecuencia, los propios gobiernos tendrán que implicarse con mayor voluntad en la inversión en infraestructuras agrícolas, en la innovación verde en los ámbitos de la tecnología climática y alimentaria (incluso con garantías soberanas), y en otros medios financieros y tecnológicos que contribuyan a garantizar la seguridad alimentaria. Cada vez hay más conciencia de que los países no pueden seguir dependiendo totalmente de las importaciones para cubrir sus necesidades alimentarias esenciales.

Es esencial que el mundo actúe ahora. Mediante el uso de I+D agrícola de vanguardia, podemos crear y aplicar soluciones agrícolas innovadoras para el futuro de la agricultura, garantizando que la población mundial ya no corra el riesgo de ser víctima de la inseguridad alimentaria. Hay que hacer hincapié en el cultivo doméstico, en la creación de granjas agrícolas basadas en datos y en centros de producción que satisfagan las necesidades específicas de un país y aprovechen las ventajas locales, al tiempo que aprovechan los recursos naturales disponibles (tierra, agua y clima).

Utilizando la tecnología y los medios innovadores, los productos deben ser entonces procesados eficientemente, almacenados, gestionados y comercializados localmente, y -sólo si es posible- también exportados. Para conseguirlo, hay que construir instalaciones industriales y centros logísticos acordes con el siglo XXI las mejores prácticas, centrándose en las tecnologías de procesamiento de alimentos, la producción ganadera avanzada, las fábricas de piensos y alimentos, y los centros de envasado supereficientes. Estos procesos progresivos deben complementarse siempre con la formación profesional continua de los agricultores locales para garantizar la seguridad alimentaria endémica a largo plazo.

Lo he comprobado de primera mano a través de la asociación de Mitrelli con el Presidente de Senegal en el flamante proyecto «Agropole», cuya ceremonia de colocación de la primera piedra tendrá lugar a principios de agosto de este año. Estas iniciativas no sólo infunden esperanza y demuestran visión, sino que son sencillamente vitales para nuestra supervivencia en este planeta.

El tiempo es corto, pero la necesidad es grande, y la recompensa aún mayor. Los alimentos son literalmente esenciales para la existencia humana. Es trágico que haya sido necesaria la guerra de Ucrania para que se preste atención a esta cuestión. La inseguridad alimentaria no empezó con la invasión de Rusia y no desaparecerá cuando la guerra llegue a su fin. Sólo mediante un compromiso de cambio drástico e innovador podremos garantizar la seguridad alimentaria para todos.


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